Collegamento televisivo di Benedetto XVI
al termine della Messa conclusiva di Messico2009
(spagnolo)
Queridos hermanos y hermanas:
1. Les saludo a todos ustedes con afecto al término de
esta solemne celebración Eucarística con la cual se está concluyendo el
VI Encuentro Mundial de las Familias en la Ciudad de México. Doy gracias
a Dios por tantas familias que, sin ahorrar esfuerzos, se han congregado
en torno al altar del Señor.
Saludo de modo especial al Señor Cardenal Secretario
de Estado, Tarcisio Bertone, que ha presidido esta celebración como mi
Legado. Quiero expresar mi afecto y mi gratitud al Señor Cardenal Ennio
Antonelli, así como a los miembros del Consejo Pontificio para la Familia,
que él preside, al Señor Cardenal Arzobispo Primado de México, Norberto
Rivera Carrera, y a la Comisión Central que se ha ocupado de la organización
de este VI Encuentro Mundial. Mi reconocimiento se extiende a todos los
que con su abnegada dedicación y entrega han hecho posible su realización.
Saludo también a los Señores Cardenales y Obispos presentes en la celebración,
en particular a los miembros de la Conferencia del Episcopado Mexicano,
y a las Autoridades de esa querida Nación, que generosamente han acogido
y hecho posible este importante acontecimiento.
os mexicanos saben bien que están muy cerca del corazón
del Papa. Pienso en ellos y presento a Dios Padre sus alegrías y sus
esperanzas, sus proyectos y sus preocupaciones. En México el Evangelio
ha arraigado profundamente, forjando sus tradiciones, su cultura y la
identidad de sus nobles gentes. Se ha de cuidar ese rico patrimonio para
que siga siendo manantial de energías morales y espirituales para afrontar
con valentía y creatividad los desafíos de hoy y ofrecerlo como don
precioso a las nuevas generaciones.
He participado con alegría e interés en este Encuentro
Mundial, sobre todo con mi oración, dando orientaciones específicas y
siguiendo atentamente su preparación y desarrollo. Hoy, a través de los medios de comunicación, he peregrinado espiritualmente hasta ese Santuario Mariano, corazón de México y de toda América, para confiar a Nuestra Señora de Guadalupe a todas las familias del mundo.
2. Este Encuentro Mundial de las Familias ha querido
alentar a los hogares cristianos a que sus miembros sean personas libres
y ricas en valores humanos y evangélicos, en camino hacia la santidad,
que es el mejor servicio que los cristianos podemos brindar a la sociedad
actual. La respuesta cristiana ante los desafíos que debe afrontar
la familia y la vida humana en general consiste en reforzar la confianza
en el Señor y el vigor que brota de la propia fe, la cual se nutre
de la escucha atenta de la Palabra de Dios. Qué bello es reunirse en
familia para dejar que Dios hable al corazón de sus miembros a través
de su Palabra viva y eficaz. En la oración, especialmente con el rezo
del Rosario, como se hizo ayer, la familia contempla los misterios de
la vida de Jesús, interioriza los valores que medita y se siente llamada
a encarnarlos en su vida.
3. La familia es un fundamento indispensable para la
sociedad y los pueblos, así como un bien insustituible para los hijos,
dignos de venir a la vida como fruto del amor, de la donación total y
generosa de los padres. Como puso de manifiesto Jesús honrando a la Virgen
María y a San José, la familia ocupa un lugar primario en la educación
de la persona. Es una verdadera escuela de humanidad y de valores perennes.
Nadie se ha dado el ser a sí mismo. Hemos recibido de otros la vida,
que se desarrolla y madura con las verdades y valores que aprendemos en
la relación y comunión con los demás. En este sentido, la familia fundada
en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer expresa esta
dimensión relacional, filial y comunitaria, y es el ámbito donde el
hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral.
(Cf. Homilía en la Santa Misa del V Encuentro Mundial de las Familias,
Valencia, 9 de julio de 2006).
Sin embargo, esta labor educativa se ve dificultada por un engañoso concepto
de libertad, en el que el capricho y los impulsos subjetivos del individuo
se exaltan hasta el punto de dejar encerrado a cada uno en la prisión
del propio yo. La verdadera libertad del ser humano proviene de haber
sido creado a imagen y semejanza de Dios, y por ello debe ejercerse con
responsabilidad, optando siempre por el bien verdadero para que se convierta
en amor, en don de sí mismo. Para eso, más que teorías, se necesita la
cercanía y el amor característicos de la comunidad familiar. En el hogar
es donde se aprende a vivir verdaderamente, a valorar la vida y la salud,
la libertad y la paz, la justicia y la verdad, el trabajo, la concordia
y el respeto.
4. Hoy más que nunca se necesita el testimonio y el compromiso
público de todos los bautizados para reafirmar la dignidad y el valor
único e insustituible de la familia fundada en el matrimonio de un hombre
con una mujer y abierto a la vida, así como el de la vida humana en todas
sus etapas. Se han de promover también medidas legislativas y administrativas
que sostengan a las familias en sus derechos inalienables, necesarios
para llevar adelante su extraordinaria misión. Los testimonios presentados
en la celebración de ayer muestran que también hoy la familia puede
mantenerse firme en el amor de Dios y renovar la humanidad en el nuevo
milenio.
5. Deseo expresar mi cercanía y asegurar mi oración por
todas las familias que dan testimonio de fidelidad en circunstancias especialmente
arduas. Aliento a las familias numerosas que, viviendo a veces en medio
de contrariedades e incomprensiones, dan un ejemplo de generosidad y confianza
en Dios, deseando que no les falten las ayudas necesarias. Pienso también
en las familias que sufren por la pobreza, la enfermedad, la marginación
o la emigración. Y muy especialmente en las familias cristianas que
son perseguidas a causa de su fe. El Papa está muy cerca de todos ustedes
y les acompaña en su esfuerzo de cada día.
6. Antes de concluir este encuentro, me complace anunciar que el VII Encuentro
Mundial de las Familias tendrá lugar, Dios mediante, en Italia, en la
ciudad de Milán, el año 2012, con el tema: “La familia, el trabajo y la
fiesta”. Agradezco sinceramente al Señor Cardenal Dionigi Tettamanzi,
Arzobispo de Milán, su amabilidad al aceptar este importante compromiso.
7. Confío a todas las familias del mundo a la protección de la Virgen
Santísima, tan venerada en la noble tierra mexicana bajo la advocación
de Guadalupe. A Ella, que nos recuerda siempre que nuestra felicidad está
en hacer la voluntad de Cristo (Cf. Jn 2,5), le digo ahora:
Madre Santísima de Guadalupe,
que has mostrado tu amor y tu ternura
a los pueblos del continente americano,
colma de alegría y de esperanza a todos los pueblos
y a todas las familias del mundo.
A Ti, que precedes y guías nuestro camino de fe
hacia la patria eterna,
te encomendamos las alegrías, los proyectos,
las preocupaciones y los anhelos de todas las familias.
Oh María,
a Ti recurrimos confiando en tu ternura de Madre.
No desoigas las plegarias que te dirigimos
por las familias de todo el mundo
en este crucial período de la historia,
antes bien, acógenos a todos en tu corazón de Madre
y acompáñanos en nuestro camino hacia la patria celestial.
Amén.